Hay dias que sin planearlo las cosas de repente se animan a última hora. Se nos ocurrió salir a cenar y nos ahorramos el sorteo del cocinero local. Buscamos como siempre poniendo cosas raras en el Google pero acavavamos perdidos. Nos decidimos por "La carreta". Antes de salir, le recordé:-"coje dinero!", a lo que ella me recordó:-"no dijiste que invitabas tu?", asi que me invitó sutilmente a que le invitara (como siempre). Aparcamos rápido, en la misma puerta. Yo diria que aparcamos en un carril, pero denoche en balmes y viendo tanto coche delante, no quedó muy claro. Entramos; habia una vaca a tamaño natural, una cristalera donde cocinaba el brasero, que me recordó a la del restaurante "Los años locos", del que hablaremos en otra ocasión. No vimos a nadie mas, asi que bajamos unas escaleras rodeadas de piedra, como un túnel, con mucho encanto. Abajo nos encontramos un chico que nos verifca la reserva y nos acompaña a la mesa. La decoración es genial, buddhas, piedra, columnas y motivos uruguayos. Hecho en falta la música, pero tenian altavoces. Imaginamos que seria genial una música chill out de fondo..pero no se dió el caso. El plato de cortesia era muy bonito, en el mio aparecia una casita con arbolitos y de todo. En la carta hay mucha variedad de entrantes, pasta y carne. Genial. La verdad es que no nos arriesgamos demasiado, pedimos lo de siempre; verduras a la brasa y de carne de segundo. Eso si, un buen tinto. El ambiente era muy agradable, no se oía la cocina ni portazos. Los camareros muy amables nos resolvieron todas las dudas y nos sirvieron el primer plato:calabacín, berenjena,(cortados longitudionalmente) maiz, tomate,pimiento y patata.

terminamos, brindamos, ella se enciende un cigarro y esperamos el segundo.

750 gr. de carne a la brasa para mi. Ella quiso probar algo llamado Vacio, ambos con patata caliu de guarnición y dos salsas (cebolla y pimienta). No tenía ninguna duda de que habíamos encontrado un buen sitio, al que únicamente podría criticarle la pobreza de la carta de postres de la casa, en la que no debería faltar el biscuit de vainilla con chocolate caliente.